Cantabria mantiene esa magia a la que nos tiene acostumbrado el Norte, la España verde por excelencia.

Así seguimos rodando entre costa e interior cruzamos el Río Deva y a pocos kilómetros la primera playa es la Playa de Amió, conocida también como playa de Pechón.

Las mareas hacen mella en la costa Cántabra provocando que las playas desaparezcan en pleamar.

Aunque en verano puede ser un hervidero, en invierno el lugar se convierte en paradisíaco debido a la escasez de gente y el silencio. El aparcamiento se encuentro sobre el acantilado por lo que tendremos unas vistas inmejorables de la playa.

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