Cruzando la costa de Galicia aparece Cariño, una comarca con paisajes únicos. El Cabo Ortegal se extiende por sus tierras creando verdaderos arenales de paradisíacos y valles de ensueño. Los Acantilados de Herbeira se alzan desde el mar dando lugar a los acantilados más altos de Europa.

Una leyenda de la zona cuenta que el Señor do Castro enterró en este lugar a su hija más hermosa. Cuando se fue de estas tierras junto al Rey Celta Ith se despidió con un “Adiós, Cariño”, suceso que daría nombre al lugar.

Playa o Praia de Fornos

Uno de los lugares de más belleza de Cariño es la Playa o Praia de Fornos. Se encuentra en la entrada de la Ría de Ortigueira y Ladrido y una señal nos da una preciosa bienvenida permitiéndonos pernoctar e incluso montar una tienda de campaña siempre y cuando se recojan a las 12 y no se monte nada antes de las 21. Todo un lujo.

La playa no llega a los 500 metros de longitud, pero su entorno salvaje y la tranquilidad que se respira la mete en la lista de “paradas obligadas”.

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Cariño

Pero Cariño no es solo una comarca, sino que también hay un pueblo que recibe su nombre. Este coqueto y pequeño pueblo nos recibe con un Área de Autocaravanas que nos facilitará su visita.

El Área de Autocaravanas se encuentra a pocos metros de la Playa o Praia Basteira que se separa de la Playa o Praia da Concha por un pequeño espigón.

Pasando las playas y por encima del puerto se encuentran las pequeñas y estrechas callejuelas que recorren las casas que, como la paleta de un pintor, destacan cientos de colores.

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Mirador da Malveira

Saliendo de Cariño en dirección Cabo Ortegal nos encontramos con varios miradores pero, el denominado Mirador o Miradoiro de Malveira me asombra proporcionándome las mejores vistas sobre todo el pueblo de Cariño y sus playas.

 

Faro de Cabo Ortegal

Finalmente, cerrando la Ría de Ortigueira y Ladrido que es compartida por Ortigueira y Cariño, llegamos al Cabo Ortegal y a su Faro.

Este Cabo no solo destaca por sus vistas sino que sus historias y leyendas avecinan la cruel historia que encontraremos en Costa da Morte, al sur de las Rías Altas.

A nuestra derecha el Cabo de Estaca de Bares se adentra como un brazo en el mar, lugar donde se dividen las aguas del atlántico y cantábrico.

Hacia la izquierda los acantilados de la Sierra o Serra A Capelada que cobija el pueblo de San Andrés de Teixido y lo adorna entre los acantilados más grandes de Europa.

El Faro Rojiblanco con el que nos topamos lleva desde 1984 en funcionamiento evitando naufragios como la del pesquero inglés “Shark” en 2008, el mercante caribeño “North Spirit” en 2010, y, el peor de todos, la del vapor “Miramar” en 1918. Este último naufragó el 9 de febrero al chocar y embarrancar contra “Os Aguillóns” (“los aguijones” en castellano), unos pequeños islotes que se extienden en el mar y que reciben los nombres de “Cabalo Xoán”, “A Ínsua” y “Tres Irmaos”.

Estos islotes fueron nombrados ya en el S. II por Ptolomeo, que nombraba a estas rocas con el nombre de “Trileuco lampatiorum” (los tres blancos), quizás por la espuma del mar al batir contra ellas, o quizás por el guano acumulado por las abundantes colonias de aves.

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