Trenko

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Trenko (10 años)

 

TRENKO

“Aprendí desde pequeño a valerme por mí mismo, a robar comida en los puertos, a pedir en las terrazas, a tomar el sol en la playa y visitar los contenedores de las parrilladas a la hora de la cena. Las noches era lo que más temía, trataba de dormir en portales y garajes, escondido del viento, de la lluvia, del frío y de los humanos.

Después de unas pocas semanas ya no sentía el dolor del hambre, solo tenía sueño. Nunca volví a ver las cosas como antes de aquella noche, uno de los golpes me dió en el ojo derecho y me dejó ciego.

Con el paso de los meses mi pelo se fue ensuciando y enredando y los humanos dejaron de mirar para mi , ya no había trocitos de pan debajo de las mesas de terraza, el parrillero ya no me dejaba la comida en el exterior del contenedor. Cada vez se me hacía más difícil encontrar comida, poco a poco fuí perdiendo fuerzas y me sentía como un taxista para las pulgas y garrapatas que empezaban a cubrir mi piel.

Una noche un humano me encontró escondido, no logro entender que hice para que comenzara a gritarme y golpearme, escapé entre los golpes y me eché sobre las nasas del puerto. – quizás algún pescador pueda darme algo de comer -.

Después de unas pocas semanas ya no sentía el dolor del hambre, solo tenía sueño. Nunca volví a ver las cosas como antes de aquella noche, uno de los golpes me dió en el ojo derecho y me dejó ciego.

Un día tras una siesta muy larga apareció una chica y me echó una cuerda naranja sobre el cuello, intenté resistirme inútilmente, me arrastró hasta un coche y me metió en el. Cuando paró de moverse, abrió la puerta y me arrastró a una casa, una vez allí me echo sobre una manta y me tapó, mientras se metía en otro cuarto. No sabía que hacer, mi experiencia con los humanos no es buena así que decidí quedarme lo más quieto posible para que no se molestara. Cuando volvió, se quedó mirándome sin decir nada, se sujetó me llevó al cuarto y me metió en la bañera, después de una hora cortándome el pelo y limpiándome a fondo, me secó con una toalla y me volvió a echar sobre la manta.

A pesar de mis torpezas y traumas, no se ha separado de mi. Me a enseñado a calcular las distancias con el ojo que me queda, me a enseñado que los barrenderos no son asesinos y que una bolsa que vuela con el viento no es mortal. Nos dedicamos a viajar por todo el país y a conocer amigos.

Una amiga especial, me trata con respeto, ya no hace falta que duerma en estado de alerta, ella vigila por mi, ella me protege.

Solo me ha pedido que sea feliz

 

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