Aunque las capitales me suelen agobiar bastante, Santander ha sido una buena anfitriona, aún así escapando de bullicios y tráficos nos encontramos con algo muy inusual. A pocos kilómetros de Santander y en la frontera de la comarca el pueblo de Astillero se marca un espacio natural en un entorno completamente industrial.

 

¿Que como se come eso?

 

Pues el la Bahía de Boo se encuentran unas extrañas marismas.

 

Se formaron a causa de depositar diversos materiales sobre la bahía, en principio para tener más espacio industrial, lo que viene siendo, quisieron rellenar el mar.

Tanto fue su ahínco que incluso plantaron eucaliptos y falsas acacias para intentar fijar el terreno.

Después de varios años, el intento cayó en el abandono y la naturaleza recuperó su lugar de una manera curiosa ya que se surtió de todos esos materiales para crear las Marismas Blancas y Negras de Astillero. La naturaleza es sabia y se ayuda así misma logrando un espacio que ahora es utilizado por centenares de aves para protegerse o anidar.

 

 

Por este mismo motivo, están incluidas en el catálogo de Reservas Ornitológicas de SE/Birdlife.

Comenzamos nuestro paseo por la Marisma Negra, dentro de la Bahía de Boo, esta marisma está formada por aguas salinas, y es el lugar de descanso de numerosas aves acuáticas. Pasando el dique nos encontraremos con la Marisma Blanca, denominada así por su vegetación y sustrato blanquecino. La proximidad a la Bahía hace que esta marisma sea en su mayor parte de agua dulce formada por un carrizal y pequeños bosques de sauces.

La verdad es que la ruta no tiene pérdida y es algo peculiar de ver.

 

 

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